• Enrique Aguilar

Los científicos señalan que los múltiples incendios de este verano no son una excepción


El Amazonas está en llamas, la selva amazónica representan los pulmones que producen el 20% del oxígeno de nuestro planeta, y ella está en llamas. Algunos expertos consultados manifiestan que hubo una intensidad diaria de incendios por encima de la media en algunas partes de la Amazonia durante las dos primeras semanas de agosto”, pero, en general, las emisiones totales [de CO2 generado por los incendios] estimadas para agosto han estado dentro de los límites normales: más altas que en los últimos seis o siete años, pero más bajas que a principios de la década de 2000”, subraya. El Instituto Nacional de Investigación Es- pacial (INPE) de Brasil ha detectado más de 76.620 focos en lo que va de año, casi el doble que en el mismo periodo de 2018 (41.400), pero una cifra no tan alejada de los 70.625 registrados en 2016. “El nú- mero de incendios ha aumentado con res- pecto a los últimos años y está cerca del promedio a largo plazo”.

La NASA se pronuncia cautelosa. "No es inusual ver incendios en Brasil en esta época del año, debido a las altas temperaturas y a la baja humedad. El tiempo dirá si este año es un récord o simplemente está dentro de los límites normales", tranquiliza la agencia espacial estadounidense en su web la cuenca amazónica son rarísimos el resto del año, pero su número aumenta a partir de julio, durante la estación seca, cuando muchas personas utilizan el fuego para mantener sus cultivos o para despejar la tierra para pastos su pico en septiembre y desaparecen en noviembre.

La selva amazónica alberga el 10% de todas las especies conocidas de animales y plantas y almacena 100.000 millones de toneladas de carbono, una cantidad 10 veces superior a la emi- tida cada año por el uso de combustibles fósiles, según los cálculos de la Universidad del Estado de Oregon (EE UU). Edwards advierte de que es una pescadilla que se muerde la cola. “El problema es que los bosques incendiados pierden carbono a medida que los árboles quemados van muriendo lentamente, lo que provoca un mayor cambio climático y una mayor pérdida de la biodiversidad”

Aunque pensamos en el calentamiento global como una deuda moral y económica contraída desde la revolución industrial, más de la mitad del dióxido de carbono liberado a la atmósfera por la quema de combustibles fósiles se ha producido en las últimas tres dé- cadas.

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